Cuentos Cortos: El Cigarro

El frío húmedo mantenía mis mejillas heladas. Estaba sentado en el escalón del porche con mi cigarro entre los dedos escuchando las gotas de lluvia caer una después de la otra sobre sobre el bote de la basura. Sería una jornada fresca como muchas otras, pero el frío se sentía más que nunca. Dando otra calada a mi ¿sexto? cigarro de la mañana saludé a la vecina haciendo un gesto cordial con la cabeza. Esa vecina que siempre estaba al pendiente de mi y sin duda este momento, por más doloroso, no podía ser la excepción.

Me vino el recuerdo de su sonrisa en mi cama mientras exhalaba el humo del cigarro. La había visto con detenimiento esa mañana y recuerdo haber pensado que no había mujer más hermosa que ella. Jamás imaginé que ese momento precedería al que rompería mi corazón. Su sonrisa se borró en el siguiente instante sin ninguna advertencia.

– No creo que esto esté funcionando, Lalo – me dijo con la mirada lejos de mi.

– ¿A qué te refieres? – pregunté un poco confundido.

Hubo una pausa muy larga e incómoda. Se levantó tapando su cuerpo con las cobijas y alejándose de mi. Nunca la había visto hablarme con esa seriedad. Era un tono frío y sentía su puñal rozando mi pecho con vacilación. “¿Qué no está funcionando?” Quise preguntar, pero el shock me impedía pronunciar más palabras. Estaba esperando una respuesta que simplemente no aparecía.

– Nosotros. – dijo con la voz un poco cortada – Sé que nos conocemos desde hace mucho, tenemos mucho tiempo juntos pero – hizo una pausa para aclararse la garganta. Sin duda lo que venía a continuación dolería – no estamos funcionando.

– Ok – respondí con seriedad. Fue lo único que pude (quise) expresar en voz alta para no parecer alterado, pero mis ganas de llorar estaban cediendo. Tragué saliva. ¿Sería el miedo?

– Lalo, eres maravilloso y la verdad es que aunque quisiera explicártelo sería imposible. Sólo sé que no está funcionando.

“¿No está funcionando? Creo que merezco al menos una explicación.”

– Ok – respondí otra vez. 

¿En una situación como esta pudiera considerarse un monosílabo acertado?

– ¿En serio es todo lo que vas a decir? – preguntó ella buscando mi mirada. No estaba dispuesto a mirarla a los ojos, el miedo a que mis lágrimas me traicionaran era muy grande. No quería parecer débil frente a ella, no quería que viera que me estaba afectando. La verdad es que lo único que quería era que se largara de mi habitación lo antes posible. ¿Por qué seguía aquí? ¿Qué esperaba que respondiera? Me sentía tan estúpido por no ser capaz de pedirle que se fuera.

– Necesito un cigarro.

Me apeé de la cama poniéndome los vaqueros del día anterior lo más rápido que pude. Tomé de la silla una playera y mi caja de cigarros del escritorio. ¿Donde está el maldito encendedor? No miré hacía atrás y salí de la habitación. Quité la alarma y abrí la puerta con apuro. Sentía que me sofocaba por el calor de la situación. ¿Estaba enojado? ¿Estaba triste? 

El frío húmero de la mañana golpeó mi rostro en cuanto abrí la puerta. Me senté en el escalón. Nunca hubiera imaginado que a mis 33 años padecería de nueva cuenta un corazón roto. Sacudí la idea de mi cabeza mientras me repetía una y otra vez “no seas ridículo” y encendí el primer cigarro de esa mañana. 

~ por Piwita en noviembre 14, 2016.

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