Paréntesis – Piezas de la Infancia

Para los que no me conocen desde hace más de 10 años.

Los flashbacks que tengo de mi infancia los puedo resumir en una palabra: Legos.

Hace muchos años, yo creo que fácil unos 15, mi mamá nos llevaba con frecuencia a casa de una amiga muy cercano suya. Esta amiga tenía dos hijos y la familiar siempre tuvo una especie de “vibra” americana. No sé si era porque su papá tenía lazos con “el otro lado” o simplemente porque eran gente muy ostentosa. Recuerdo que su casa estaba ubicaba en una de las esquinas de Gómez Morín (ahora hay un Aviacsa, creo) y bueno, era una casa muy grande comparada con la mía. Aunque vagamente (porque por alguna razón gran parte de mi infancia está bloqueada) recuerdo que yo disfrutaba ir con ellos por una sola razón particular: los hijos de esta señora tenía una inmensa, pero INMENSA cantidad de piezas de Lego. No sé, honestamente si fue entonces cuando me enamoré de esos juguetes, pero les puedo jurar que los amaba.

Recuerdo también que ir a McAllen para mi (no sé si para mi hermano) tenía un sólo objetivo: ir a ToysRus a comprar nuestra caja de Lego. Me acuerdo que podía soportar todo el viaje todo el día con tal de tener en mis manos un nuevo set para armar.

Una navidad mi mamá y mi papá nos regalaron un set de policía bien grande (yo nunca había comprado uno de ese tamaño). Y recuerdo que otra navidad nos regalaron una tina con mil piezas para armar. Tenía muchas, pero muchas piezas pero JAMÁS se compararon con la cantidad que tenían estos chicos.

En mi niñez todo se reducía a Legos. Siempre sacaba la tina al porche y me ponía a jugar con mi hermano y con mis amigos de la cuadra. Me acuerdo que cuando me enojaba a veces con ellos y que hacía berrinche me metía a mi casa y sacaba las piezas y me ponía a jugar sola hasta que se me pasaba. Podía pasar horas y horas armando y desarmando y no me aburría jamás. Era maravilloso.

Hasta que un día mi mamá regaló las piezas a una niña pobre.

Puede sonar ridículo al lector pero a mi se me rompió el corazón y lo sé porque hasta la fecha, me acuerdo y me duele. Veo Legos detenidamente y me da mucho sentimiento y quiero volver a tener para, no sé, tal vez resanar las heridas que nunca cicatrizaron. De hecho, creo que jamás le dije a mi mamá lo mucho que me dolió haber perdido esas piezas; tal vez sea uno de esos resentimientos que me llevaré a la tumba.

En fin, sólo quería compartirles mi fanatismo por estos populares juguetes.

~ por Piwita en septiembre 30, 2011.

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