Café Literario – Tercera (y última) parte (cuento nuevo)

Había tenido la fortuna de conocer hace poco más de dos años a quien sería (como románticamente lo catalogué) el amor de mi vida. Fue en uno de esos cursos a los que asistía con regularidad debido a las exigencias impuestas en la empresa para la que trabajaba. Y justo entonces pasaba por una crisis personal que me generaba "cierta" (por no decir "mucha") irritabilidad y por supuesto se estaba reflejando en mi actitud laboral. Sin duda, no dejé de ser eficiente pero mis relaciones laborales habían perdido dos o tres rayas, por lo que, debido a que las relaciones laborales están por encima de cualquier habilidad o cualidad que me pudiera hacer sobresalir otrora, se me envió a cursos para desarrollar mi potencial en materias de trabajo en equipo y liderazgo.

Acababa de cumplir 30 años y francamente no me sentía particularmente bien al respecto. A decir verdad sentía una enorme (y obvia) frustración porque mi vida no tenía el rumbo que yo había planeado (o más bien "el rumbo que me hubiera gustado"). No entraré en detalle pero puedo decir que para entonces yo esperaba estar cumpliendo 30 años y por lo menos cinco de casada con dos hermosos retoños y un bello y fuerte esposo que cuidara de nosotros. Por mi actitud puede deducir que no fue así mi bienvenida a la década de los treinta (fue más bien una deprimente fiesta donde el alcohol nunca se debía haber combinado con la depresión). Según lo veo el problema que ocasionó ese desvío en mis planes fue el completo enfoque que le di a mi carrera, ya saben, facultad, maestría, largas horas de trabajo en la oficina que se justificaron después de tres promociones en cinco años. Y sin embargo, ahí me encontraba en la sala de conferencias esperando a un orador que me hablaría sobre las habilidades que yo había forjado en mi persona desde antes de poner un pie en la facultad.

Haciendo un retroceso, creo que fue una movida sumamente audaz porque yo podía jurar que mi expresión no era particularmente amigable; de hecho estoy segura que no lo era. Tomó el asiento vacío junto al mío y permanecimos en silencio poco más de tres minutos hasta que finalmente abrió la boca para hacerme una pregunta:

– ¿Es tu primer curso?

Debo confesar que realmente esperaba que iniciara la conversación de manera estúpida (porque habiendo tantas sillas disponibles a kilómetros a la redonda se sentó junto a mí), pero honestamente no creí que fuera así de estúpida. En ese momento pensé que ignorar su pregunta sería grosero de mi parte.

– No – contesté secamente y sin mirarlo.

– Mmmm – suspiró – sólo espero que no sea tan aburrido como pienso.

Sonreí instantáneamente por la ironía del comentario y pensé "será peor". Al notar mi pequeña (y pícara) sonrisa viró el cuerpo por completo hacia mí y me extendió su mano.

– Mi nombre es Lucas – comentó con sus hermosos labios restirados mostrando su perfecta dentadura.

Miré su mano un instante y sonreí inevitablemente. Había algo en él que me conmovió y cambió mi humor por completo. No sé si fue su ingenuidad o su manera de hablar o esa sonrisa perfecta, pero a partir de ese día todo fue maravilloso; bueno, el tiempo que duró, al menos.

Comenzó el romance y todo parecía perfecto. Nos veíamos tres o cuatro veces por semana, hablábamos cada días y disfrutábamos casi las mismas cosas. El sentimiento era relativamente nuevo en mi repertorio de experiencias dado que mi última pareja seria la había tenido años atrás. Era todo el conjunto de sensaciones: la pasión, las mariposas en el estómago, el primer beso, las caricias, la necesidad de verlo y el hecho de que ocho de cada diez pensamiento que tenía en el día eran sobre Lucas.

La serie de acontecimientos acaecidos dos meses después fueron muy probablemente culpa mía y la reacción en cadena comenzó precisamente el día de la fiesta de cumpleaños de Susana. Pero es que yo no concibo la idea de estar con alguien tan maravilloso y no presentarlo a mi mejor amiga.

"Fue amor a primera vista" según ambos quienes por "respeto" decidieron días más tarde explicarme la raíz de su amorío a mis espaldas. Lucas me juró que lo último que quiso hacer fue dañarme; "no me dañaste" le dije "me mataste". Susana descaradamente me reprochó que yo debía estar feliz por ella porque después de tanto tiempo de odiar a los hombres por haberla dañado año tras año y vez tras vez, al fin había encontrado la razón de ese sufrimiento diciendo "yo pasé por todo eso porque necesitaba aprender a diferenciar al amor de mi vida de toda la basura que me rodeaba". Increíble, después de tanto tiempo de conocernos y compartir cada íntimo secreto, Susana decidió anteponer su capricho sobre nuestra amistad. La odié por eso.

Ese día la discusión que tuvimos me incitó incluso a abofetearla sin remordimiento.

Salí de su casa hecha un nudo de nervios e ira disparando aquí y allá maldiciones y me dirigí a mi casa donde decidí ahogar mis penas en alcohol. Desde entonces no devolví sus llamadas, ni sus correos e incluso cambié de residencia para dejar atrás todos esos recuerdos.

Susana y Lucas contrajeron nupcias tres meses más tarde. La Señora R me llamó para informarme de la boda y para decirme lo feliz que sería Susana si yo asistiese. Por no ofenderla le dije que lo pensaría pero por obvias razones no pisé la Iglesia donde se realizó la ceremonia ese día y yo no volví a recibir ninguna llamada de la Señora R; hasta donde sé, la madre nunca supo la naturaleza de nuestro malentendido.

Dos años después me encontraba en la capilla precisamente en su funeral. Su madre lloraba inconsolablemente y yo, con el cuerpo hecho un nudo de emociones. Dolor, culpa, tristeza pero sobre todo, sentía alivio y era esta sensación la que peor me hacía sentir porque en ese justo momento, justo en ese momento agradecí tanto a Dios que a Susana le presente mi novio. Según entendí a la explicación de la policía, fue Lucas quien había apuñalado a Susana mientras ésta dormía. Yo por un momento me vi, víctima en un presente alternativo, recostada en el ataúd con las manos entrelazadas sobre mi estómago y mis labios decorados con un rosa pálido a pocas horas de ser sepultada.

~ por Piwita en agosto 11, 2011.

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