Café Literario – Segunda Parte (cuento nuevo)

Recibí la llamada a las dos y media de la mañana. Por algún motivo me tenía registrada en su teléfono como número de emergencia. Sí, fuimos mejores amigas, pero desde hace un par de años que habíamos cortado comunicación por razones que parecen ridículas el día de hoy. A decir verdad siempre lamenté esa pelea. Perder su amistad fue como haber perdido un pedazo de corazón. Lo peor fue probablemente haber dejado pasar esas oportunidades para restablecer el contacto todo por un dejo de orgullo que en la cúspide de mi dolor me apuñaló y se desvaneció al momento que fui informada que que Susana había sido apuñalada de gravedad y estaba en camino al hospital para ser intervenida. Afortunadamente yo aún conservaba en la agenda el número telefónico de su madre para notificarle.

Debo admitir que entré en pánico cuando escuché la voz adormilada de la madre de Susana al otro lado del teléfono. Las palabras se me atoraron en la garganta y sentí que me ahogaba con ellas. Hice un esfuerzo y balbuceé palabras ininteligibles a mi parecer. Todo parecía un sueño.

– ¿Señora R? – dije con la voz entrecortada. Carraspeé un poco y continué – soy Sam, amiga de Susana, ¿me recuerda?

Hubo una larga pausa de su parte y yo no contribuí a reanudar la conversación puesto que aún seguía intentando asimilar la noticia.

– ¿Sam? – preguntó finalmente – Hace años que no sé de ti. ¿Ocurre algo? ¿Por qué la llamada tan tarde?

– Señora R, lamento mucho llamarle tan tarde pero recibí una llamada de emergencia donde me informaron que Susana tuvo un accidente y estaba siendo trasladada al hospital.

Nuevamente no obtuve respuesta durante unos segundos así que continué dando los detalles que sabía y le dije que pasaría por ella y la llevaría al hospital. Escuchaba su respiración y finalmente un débil "de acuerdo". Colgamos el teléfono y me arreglé rápidamente. Me sentía tan nerviosa que no quise decir una sola palabra lo cual aparentemente fue un mutuo acuerdo tácito. Quise pensar que la Señora R en realidad estaba en estado de "shock" puesto que tenía pálido el rostro cuando subió al auto y durante el recorrido no pronunció una sola palabra hasta que el cirujano salió de la sala de operaciones para informarnos que Susana había fallecido debido a la hemorragia que sufrió por las heridas tan profundas recibidas en múltiples partes de su cuerpo. Fue en ese momento en que la Señora R soltó un llanto que parecía eterno e inconsolable; porque cómo podría serlo si había recibido en ese momento la noticia de que había perdido lo único que le quedaba en la vida para amar: su hija.

Y estoy de vuelta en la capilla con su mano en mi mejilla haciendo eco en mi cabeza su pregunta "¿te has resistido a llorar?".

¿En realidad me había resistido voluntariamente a llorar? En ese justo momento mi pecho era un cóctel de emociones que invadían intermitentemente mi organismo. Primero el shock abusó de mis sentidos; me nubló por completo y me mantuvo perpleja incluso horas después de haber recibido la noticia de su muerte. Se desvanecía un poco el shock cuando la culpabilidad se apoderaba del mando junto con el remordimiento. Me sentía culpable por esa estúpida pelea y por haberme negado rotundamente a hablar con ella después de todos sus intentos.

~ por Piwita en agosto 11, 2011.

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