Paréntesis – ¿Y los genios en México?

Hace unas semanas (no recuerdo exactamente cuántas) se me ocurrió a raíz de un post que vi en twitter empezar a leer en wikipedia la lista de niños “genio” más famosos del mundo. Dentro de la lista, para mi sorpresa tal vez, o tal vez no, México no figuraba ni por error, y la verdad es que no puedo evitar preguntarme si en realidad no hay mocosos como Sheldon en nuestro país.

La respuesta más obvia (y probablemente la más estúpida) es que los haya dado que las probabilidades de que un niño nazca con una capacidad intelectual que figure muy por encima de lo normal son bastante razonables como para que en un país de 120 millones de personas no haya un sólo niño genio. Y claro que estoy hablando de niños genios tipo los que salen en las películas que son capaces de hacer multiplicaciones de números de 13 dígitos en su cabeza en segundos. O que son capaces de hablar múltiples idiomas a edades muy tempranos o de graduarse de la facultad a los 13 años.

Y justo ayer por la noche volví a recordar el tema después de que vi la película “Red Social” (o sea, del creador de Facebook). Llegué a la triste conclusión de que en realidad en este país los niveles de educación son de los peores globalmente hablando, porque ni siquiera somos capaces de identificar que nuestro hijo o tal alumno tenga dotes de genialidad que podrían incluso hacer la diferencia en el mundo. Siento que los padres de familia (sobre todo los de ahora) ven cada vez menos por sus hijos y buscan a toda costa estupidizarlos (aunque no sea una palabra) con la televisión y/o la computadora a edades muy tempranas que aunque muy probablemente les ayude a desarrollar en cierta forma su capacidad de aprendizaje, estos se vuelven flojos porque cada vez quieren pensar menos y menos.

Y lo que resulta peor es que si en la casa no llegan a aprender, los niños, menos aprenden en la escuela porque los maestros de ahora lo último que quieren es batallar y los van pasando y pasando hasta que llegan a la Universidad, se gradúan, los contratan en empresas y resultan deficientes en lo que hacen.

A pesar de lo anterior, no puedo generalizar el comportamiento de los maestros puesto que conozco muchos que aun batallando con cada alumno flojo que no asiste a clase y aún así espera obtener resultados satisfactorios, da su mejor esfuerzo diariamente para que la parte proporcional del alumnado dispuesto a aprender lo consiga y haga algo importante con su vida. A esos maestros es a quiénes se les debe reconocimiento por poner todas sus ganas para hacer de la educación en este país un poco mejor a pesar de todas las tribulaciones y obstáculos que pudieran tener a lo largo de su carrera docente.

No me sorprendería la verdad que el potencial de un niño genio se diluyera entre la pobreza, la desnutrición y la falta de atención. Sin embargo, estas pueden considerarse excusas (y muy malas) puesto que en países como China o la India donde el índice de población (y de pobreza) es 10 o 20 veces más alto que en México, son capaces de reconocer el talento nato de los niños genios y no sólo eso, sino también apoyar el desarrollo del mismo, con educación especial para explotar su potencial. Sin embargo por alguna razón en este país tenemos tan condenado tanto el saber como el “poder hacer” o el “ser capaces de hacer” y el éxito que nos aplastamos entre nosotros para no dejar sobresalir a ninguno que no seamos nosotros mismos y que al final de cuentas terminamos sirviendo para nada y no dejamos que otro tuviera la oportunidad de sobresalir. Y esto se me figura que ocurre incluso en las empresas donde los jefes por temor a perder su trabajo, en lugar de desarrollar su propio potencial, se dedican a oprimir y reprimir el de quienes están dispuestos a crecer porque les es menos costoso (energéticamente hablando).

Al final de cuentas, sospecho que esta gente con hambre de crecer de forma natural termina saliéndose de trabajar de la empresa donde laboran para unirse a corporaciones donde se motive su crecimiento e incluso que llegasen a trasladarlos para laborar fuera del país dando lugar a la tan conocida “fuga de cerebros”. O en su defecto inician su propia empresa con sus escasos conocimientos de emprendimiento (porque su educación no les proporcionó bien las herramientas de dicho ámbito) y batallan años para hacer crecer sus empresas cuando, de haber contado con las herramientas apropiadas hubieran podido lograr el éxito desde antes.

Paralelamente (o será perpendicularmente porque cruza con la idea) no puedo culpar enteramente al sistema educativo o a los padres de familia por los hijos que resultan, ya que dichos sistemas de enseñanza son responsables hasta cierto punto dado que después de cierta edad, los alumnos deben ser responsables de su propio desarrollo intelectual y de saber ellos mismos reconocer hasta dónde quieren llegar y de lo que son capaces de hacer.

En fin, esto se transformó en un rant ¡total!

~ por Piwita en enero 25, 2011.

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