Paréntesis – Autoanálisis de un background “olvidado”

Leyendo los borradores de muchos escritos que encontré me he dado cuenta que en mi etapa de preparatoria tenía una cierta obsesión enfermiza con la muerte y la violencia. Haciendo un análisis de lo que fue mi vida en la prepa suena bastante lógico que tuviera pensamientos bastante autodestructivos. Fue la primera vez que me rompieron el corazón; fue la primera vez que me sentí intelectualmente inferior; fue la primera vez que me sentí realmente abandonada emocionalmente por mi familia; fue la primera vez que reprobé una materia (un parcial); fue la primera vez que tuve que reprimir pensamientos, deseos, fantasías; fue la primera vez que sentí miedo de morir. Podría seguir y seguir pero entienden mi punto.

Este cuento no es propiamente violento como otros que encontré, pero sí habla de la muerte y de muchas situaciones de autodestrucción. Este cuento en particular fue un parte aguas en mi escritura puesto que fue el primer cuento con el que retomé el arte de escribir para mí y me di cuenta que mi manera de plasmarlo había en cierta forma evolucionado para bien. Me había vuelto más descriptiva, más detallista, más intensa y más sincera. Creo que este nunca se lo enseñé a nadie (tal vez a mi hermano).

No tiene título y está a mano en unas hojas de libreta de raya.

Sus ojos parecían muertos. La luz que los regía se desvaneció como su último suspiro. Su piel dominada por un frío polar hacía que Lily se estremeciera constantemente.

Yo estaba junto a ella con mis brazos sobre sus hombros mientras mi desdichada amiga se mordía los labios queriendo mitigar aquel dolor que la invadió al ver a su madre tendida sobre aquella mesa en un frívolo y blanco cuarto en esa triste mañana de sábado en la ciudad de Monterrey. Y donde el solitario médico encargado de la autopsia informaba a Lily sobre el trágico accidente que llevó a su madre a ese deprimente cuarto al punto de las siete de la mañana con 10 minutos.

¿Quién lo hubiera previsto? Su muerte pareció no tener sentido alguno hasta que la boca del forense indicó que el nivel de alcohol en la sangre de la señora Souza se encontraba muy por encima del nivel crítico. Era de esperarse.

Siempre supimos que la señora Souza tenía un problema con la bebida desde que su esposo, el señor Souza, falleció. Sin embargo, ni Lily ni la señora Souza habían querido enfrentar la tragedia de las formas “convencionales.”

Lily a pesar de ser bastante apegada a su padre, no derramó una sola lágrima cuando éste murió. Sus amigas cercanas y no tan cercanas, o incluso cualquiera que hubiese pasado unos minutos con ella podía ser testigo de la innumerable cantidad de groserías que emanaban de su boca con frecuencia. Era algo semejante a una fuga de agua, excepto que en este caso, la llave de paso era completamente inaccesible.

La señora Souza, por otro lado, cada noche ahogaba sus penas en botellas de vodka o tequila, “me gusta como arde cuando lo tomo” solía decirnos a las chicas que visitábamos a Lily después de la escuela. Y a continuación sacaba de la alacena unos cuantos vasitos más y nos ofrecía “un trago”. Nuestra respuesta era siempre la misma “gracias, señora Souza, pero tenemos que estudiar.” Y los ojos de Lily llenos de rabia nos escoltaban fuera de la sala donde se encontraba “la mujer de la lengua muerta”, como algunos la llamaban, ya que a pesar de estar sobria (como en contadas ocasiones ocurría), su lengua era casi incontrolable, por lo que aún sin haber bebido una sola gota de alcohol, la mujer hablaba como borracha.

Lily era así, una muchacha inteligente al borde de la exasperación con intereses muy particulares entre los cuales destacaban el color negro, la ecología, el dibujo y los libros. Escuchaba música de grupos enojados y al sonido de estas melodías plasmaba sus ideas y sentimientos en cientos de hojas de papel. Ella dibujaba y cuando lo hacía y mientras yo la observaba podía notar en sus ojos cómo se transportaba a lugares fuera de su realidad, que si no me equivoco, se llevaban todas sus preocupaciones y dolores e incluso algunas veces lograban dibujar una hermosa sonrisa en su rostro. En ese instante yo estaba segura que mi mejor amiga estaba en paz.

Pero aquí en esta realidad, yo seguía mirando el inmóvil cuerpo de la señora Souza, esperando que aquellos ojos sin vida parpadeasen en cualquier momento. Mi asombro era tal que mis labios no cesaban de formar una “o” y mis ojos se hallaban tan inmóviles como los de aquella mujer tendida frente a mí.

Mi estupefacción de pronto se vio interrumpida por las secas palabras del forense dirigidas a Lily.

– ¿Y bien?

Lily desvió la mirada hacia los del hombre quien desesperado insistía sobre la misma pregunta una y otra vez con sus ojos.

– Es ella – respondió Lily con una voz entrecortada que fracturó un poco mi corazón. Entonces fue cuando se volvió hacia mí y con un abrazo fuerte ahogó su esperado sollozo en mi hombro que secaba sus lágrimas mientras brotaban de aquellos luceros azules que nunca dejaron de cautivarme.

Mientras mi amiga anunciaba silenciosamente con su llanto el dolor que le causaba la repentina e inesperado orfandad, el forense con un tono amable pero cotidiano nos informó lo mucho que sentía nuestra pérdida y me pidió que le notificara a mi amiga una vez que se hubiese calmado que había papelería que firmar antes de liberar el cuerpo. Y así lo hice.

~ por Piwita en noviembre 30, 2010.

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