Paréntesis – Ayer Me Sentí Bien Random

“Este escrito se lo atribuyo a la película de “Machete”. Por su culpa andaba bien random…”

Dicen que todo en la vida tiene un porqué y yo he decidido que es cierto. Sin embargo, definitivamente no lo veo en el sentido espiritual, astral ni mucho menos metafísico que sin duda la gran mayoría lo ve. Mi filosofía se reduce a algo tan simple (como la Teoría de Ockham) y por supuesto avalado y fundamentado en las inquebrantables leyes de la física (aunque muchos piensen posible lo contrario). No obstante, eso no quiere decir que no respete las creencias individuales, puesto que, para cada quien, eso en lo que cree le funciona.

Esto que he decidido plasmar aquí no es bajo ninguna circunstancia un relato, ni tampoco representa una crítica y ni un hecho que deba ser remitido ni atribuido a sentimientos no digeridos y en la red regurgitados de manera “random”. Esto aquí es simplemente una maraña de ideas, creencias, convicciones y demás que rondan día a día en mi cabeza con el único propósito inevitable e indudablemente ineludible de mortificar, abrumar, afligir y molestar cada segundo de mi existencia. En simples y llanas palabras son cosas que me la paso pensando. Porque aunque muchos podrían, sin duda, etiquetarme de exagerada, excesiva, desmesurada y aparatosa, para mí simplemente “pensar” duele; ni más, ni menos. Pensar para mí es en cierta forma una maldición (y es un eufemismo). Pensar tanto y todo el tiempo me ha traído más cosas malas que buenas puesto que no ha hecho más que generarme cientos de miedos (estúpidos) que definitivamente una persona “sana” (entre comillas y doble énfasis) no tendría. Podría ser honesta y explayarme, pero a estas alturas sería totalmente irrelevante describir todos y cada uno de ellos (tal vez a lo largo de este blog y con el paso del tiempo me anime a trabajar algunos). En mí, “pensar”, tuvo un efecto adverso que me limitó en cosas placenteras tan pequeñas (de nuevo, no me explayaré). Y claro que después de continuar haciendo lo que mejor hago, o sea, pensar (y mucho), logré resumirlos todos en un sólo gran miedo, que por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia voy a discutir aquí.

Si bien es cierto que pensar es un privilegio del cual sólo los humanos gozamos (y me atrevo a decir que no todos gozan de él), existen días (y noches) en los que me encantaría poder extirpar de mi cerebro todas esas ideas que me hastían; meterlas en un frasquito y ponerlos en mi buró aunque fuera sólo por una noche. Y sin embargo, lo aún más cierto es que jamás cambiaría mi capacidad de pensar por nada en el mundo, aunque mis ideas me atormenten a diario.

Esto de pensar hizo que mi cabeza comenzara a divagar en cosas relacionadas.

Pensar alguna vez fue un acto condenado, puesto que pensar conduce irremediablemente a cuestionar desde tu entorno hasta tu propia persona (podría ser al revés también pero siento que rara vez uno realmente empieza por uno mismo). El problema de pensar lo representaba precisamente eso, el cuestionar. Y como puede uno imaginarse, pensar no sólo es un problema de antaño, sino también resulta bastante molesto y sin duda problemático ahora por infinidad de razones que no pienso discutir aquí (la gran mayoría de carácter político en todos los ámbitos).

Pensar (y aunque pocos lo crean) es un proceso viral (o sea, es contagioso), pero es cierto que (y dudo que alguien me lo quiera discutir) en una sociedad existe un gran porcentaje inmune a este proceso (o sea, hay un problema de inmunidad individual [y me atrevería a decir que a veces social también]). Pensar es, además, un poderoso agente segregador que obliga al individuo pensante a unirse a otros de índole similar. Muchos lo consideran un don y muchos otros consideran que los seres pensantes se vuelven automáticamente de una casta superior; ellos quienes estúpidamente y sin percatarse, están delatando su verdadera incapacidad de pensar (en realidad) porque de poder hacerlo, no actuarían como idiotas elitistas. Debemos comprender que una persona capaz de aplicar de forma hábil y consciente el “pensar” no es, por ningún motivo, razón o circunstancia mejor en ningún sentido que un individuo no pensante. Es simplemente alguien con una carga mayor en sus hombros porque pensar representa una gran responsabilidad.

Sea de la manera que fuere, pensar implica valor de ver, registrar, analizar, y concluir sobre las cosas como son y claro que si éstas le disgustaran, se debe ser capaz de encontrar una solución benéfica, ya sea individual o social (refiriéndome a que busque el bien común) de acuerdo a sus objetivos personales y hacerse 100% responsable de las consecuencias que pudiesen surgir a partir de la implementación de dicha solución. Incuestionablemente, este valor poca gente lo posee y prefiere pagar el precio de la ignorancia por una falsa felicidad. Y digo falsa puesto que no está fundamentada en nada más que en la mismísima ausencia de conocimiento. Porque a mi parecer, el ser feliz viendo un mundo repleto de inevitabilidades, impostergables finales e inapelables conclusiones (tanto emocionales, como físicas y biológicas) requiere de mucho coraje; de verdad.

~ por Piwita en noviembre 21, 2010.

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